Reconozco que hasta el día de hoy no había oído hablar de Portia Nelson; cosa extraña ya que durante una amplia etapa de mi vida navegué entre libros de autoayuda, frases inspiradoras y estrategias de sanación emocional de todo tipo. Lo abandoné cansada de topar con estafas, farsantes y buscanegocios con el dolor ajeno. Ciertamente, Portia Nelson no debió ser de estos porque sin lugar a dudas yo la habría encontrado.

Hoy he sabido que fue actriz, cantante y escritora y que en su vida sufrió cáncer y superó varios episodios de esta enfermedad. Pienso que esto la convirtió en una persona más sabia, aunque creo que la sabiduría necesita una tierra fértil en la que sembrarse y crecer. Su sensibilidad, su amor al arte y su calidad humana seguro que hizo un buen sustrato. Portia escribió un poema que debe ser referencia en ámbitos de autoconocimiento y autoayuda (yo lo he encontrado en una clase de mindfullness). Me gusta cómo refleja su camino interior en cinco capítulos. (Hemos hecho un vídeo que puedes encontrar en nuestro canal de youtube pinchando aquí).

Capítulo Uno. Voy andando por la calle. Hay un agujero profundo en la acera. Me caigo. Estoy perdida… No sé qué hacer. No es culpa mía. Tardo siglos en salir.

Nos hemos caído, enredado en una relación tóxica, nos han abusado… sin darnos cuenta. Es normal sentirnos desorientados. Sentimos que no somos responsables. Nos sentimos mal y nos cuesta remontar. Creo que podría poner muchos ejemplos de esta situación. En realidad, creo que mi vida es una sucesión de agujeros en la calle.

Capítulo Dos. Voy por la misma calle. Hay un agujero profundo en la acera. Hago como que no lo veo. Me vuelvo a caer. No puedo creer que me haya caído en el mismo sitio. Pero no es culpa mía. Tardo bastante tiempo en salir.

Vaya, pasamos por la misma calle. La vida nos pone delante de los mismos escenarios o parecidos: nueva pareja abusadora, nuevos abusos y hostigamientos en el trabajo o la escuela, repetimos insistentemente nuestros errores. Seguimos pensando que no es culpa nuestra. Estamos sentados en medio de la nada sorprendidos de que nos vuelva a pasar otra vez lo mismo. Pero…. nos obcecamos. No es nuestra culpa. Recurrimos a la suerte, al destino, al mal de ojo, a la maldad universal….. Uy, creo que me estoy viendo en esto….

Capítulo Tres. Voy por la misma calle. Hay un agujero profundo en la acera. Veo que está ahí. Me caigo… es un hábito, pero tengo los ojos bien abiertos. Sé dónde estoy. Es culpa mía. Salgo rápidamente.

Una vez más escenarios similares. Y casi caigo en los errores por una mezcla de inercia, determinismo, costumbre, o simple falta de fuerzas para frenar. Pero esta vez, me veo protagonista. Ya no soy arrastrada irremediablemente. No me lleva el viento. He llegado yo hasta el agujero y he caído por inacción. Hace pocos días que acabo de de caer. Me esperanza saber que esta vez saldré antes.

Capítulo Cuatro. Voy por la misma calle. Hay un agujero profundo en la acera. Lo esquivo.

No lo he conseguido hacer nunca. Las personas autistas deben hacer un trabajo específico para analizar y comprender los contextos, para comprender las similitudes entre dos escenarios que no sean iguales sino parecidos. Para pasar de la experiencia concreta al aprendizaje en abstracto. De otro modo, el agujero será eterno, profundo e inevitable.

Capítulo Cinco. Voy por otra calle.

Uffff. Tal vez algún día, en algún momento. Por qué no?

No te pierdas el video. Pincha aquí

Carmen Molina. Presidenta de CEPAMA

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