El día 8 de marzo es un día importante para todas las mujeres. Por un día somos el foco de la sociedad. Cada año pensamos que sería estupendo que no existiera el 8 de marzo, porque eso implicaría que ninguna mujer, nunca más, va a tener  que vivir en desventaja por el hecho de haber nacido. Pero eso no va a pasar. No este año, ni en los próximos que nos traiga el futuro inmediato. Así que, mientras se alcanza el objetivo – que no vamos a perder de vista en nuestro horizonte- queremos, como mujeres, hablar hoy desde nuestra diversidad y desde nuestra feminidad. Las componentes del Comité Autismo y Mujer CEPAMA, aportamos en este post, nuestro mensaje. Nuestra compañera Montse Navarro nos ilustra el post con un dibujo que representa a una mujer bailando para defender el derecho a la autorregulación mediante el movimiento, algo tan característico de las personas autistas, y que tiende a ser poco aceptado. Bailar es hermoso, bailar proporciona salud y bienestar, queremos bailar… queremos también ser de colores, no sólo azul. Rojo, dorado, personas multicolores porque multicolor es el espectro autista. De este universo variado y fractal os damos una muestra con nuestra entrada de hoy. Feliz Día de la Mujer!

Ser mujer (Carmen Molina)

Ser mujer no es fácil. Tampoco en esta sociedad del primer mundo, en la que no acabamos de alcanzar cuotas de paridad, seguridad e igualdad que serían de justicia. Ser mujer es aún más difícil cuando se nace con una condición diferente que te convierte en minoría entre la minoría, como sucede con las mujeres en el espectro del autismo. Tan diferentes de la mayoría social, y a la vez tan distintas de sus compañeros hombres. Tan especiales, que incluso entre sus iguales en género son rechazadas por no responder a los estereotipos femeninos. Tan vulnerables que ni siquiera existen formas específicas de diagnosticarlas y, cuando piden ayuda, son sobremedicadas con toda clase de compuestos relacionados con los estados de ánimo, el equilibrio psicológico y la enfermedad mental. Si cierro los ojos y pienso en una mujer autista, la palabra que me viene a la cabeza es fortaleza. Fuerte entre las fuertes. Decidida entre las valientes. Mujer en riesgo, y mujer en lucha. Ellas, nosotras, yo.

Fundir la Frontera (María Ruiz)

He vivido etapas duras y violentas que hundieron mi autoestima, mermaron mi salud y anularon mi  voluntad …  pero busque el apoyo para reconstruir, para creer, para poder seguir…siendo invisible… porque me dio miedo…pero es imposible sostener el peso de dos mundos una vida entera, ¡necesito fundir la frontera!

En muchas ocasiones se ha representado el Síndrome de Asperger con un iceberg para simbolizar que sólo alcanzamos a ver una pequeña parte de todo un mundo  oculto por descubrir. Y en realidad si …Ese universo oculto encierra todos los secretos de su mundo. Profundo, no visible, inmenso…  y poderoso.

Pero …¿qué pasaría si  descubrimos que no es suficiente  con mirar hacia  el fondo?¿Qué pasaría si nos aventurásemos a traspasar el iceberg? Pasaría que nos asombraríamos al descubrir un lugar más invisible aún, no siempre reconocido…en el que ellas siguen batiendo sus alas de forma silenciosa…en busca de manos que las acojan, desde su edad  temprana hasta su madurez.

Por eso tenemos una gran misión, abrir la ventana y acompasar sus pasos, para que puedan volar en libertad, para que puedan mostrarse, para que dejen de esperar, para que venzan la tristeza, la ansiedad y la soledad.

Por la inclusión desde la perspectiva de género ¿TE Atreves?

Soy mujer (Montse Navarro)

Soy mujer y soy autista, y eso significa que se me ha impuesto una forma de ser mujer que no se corresponde con quién yo soy, y no por eso dejo de ser mujer o soy menos mujer, si es que tal cosa es posible. He fingido una feminidad determinada en lugar de explorar la mía propia, porque eso es lo que se esperaba de mí.

Ahora soy yo quien espera algo de la sociedad: que se transforme en una sociedad mejor, mejor para las mujeres, mejor para les autistas y mucho mejor de lo que ha sido hasta ahora para las mujeres autistas.

Para que nadie pase por lo que yo pasé (Raquel Montllor)

Siendo aún una niña empecé a darme cuenta de que a la gente no le costaba relacionarse y a mi sí.A veces necesitaba estar sola en un espacio donde me sintiera cómoda y me costaba mucho relacionarme con los demás: era torpe en los juegos, no pertenecía a ningún “grupo”, no sabía identificar correctamente las emociones de los demás (ni, quizás, las mías propias), etc. Supongo que, por todo ello, sufrí bullying. Decidí intentar integrarme con todas mis fuerzas. Así, empecé a fijarme en cómo se relacionaban los demás: sus expresiones, su lenguaje… incluso cogiendo apuntes para después ensayar en casa y poder imitarlos al día siguiente. Ese imitar, ese escenario, hizo que casi me perdiera a mi misma. Estuve a punto de convertirme en un espejo. En la adolescencia, decidí que estudiaría todo lo posible para entenderme a mi misma. Y a los demás. Así, me titulé en educación social, psicopedagogía…Estando cursando un máster en educación especial conocí a profesionales que me diagnosticaron TEA. A los 40 años. El diagnóstico no fue liberador. De hecho, caí en una profunda depresión, pues creía que todo lo que había sentido de niña se mantendría para siempre. Y eso era insoportable. Por eso he decidido compartir mi conocimiento profesional y experiencia personal sobre el tema.Para que nadie pase por lo mismo que yo pasé.