Agradecemos la colaboración de nuestra amiga @FemAtipica, quien nos habla de una característica que acompaña a muchas personas autistas: la aprosodia (forma de hablar en la que el tono, el acento, el ritmo y la entonación no se corresponde con el modo típico). Muchos niños y niñas sufren burlas en la escuela por su diferencia; muchos jóvenes son excluidos de sus grupos de pares y muchos adultos ridiculizados y vistos como raros durante toda su vida. Como dice nuestra compañera se trata solo de un ritmo propio.


En un pequeño planeta a años luz de nuestra galaxia vive una niña llamada Elsa. Ella es una niña muy feliz pero, desde hace tiempo, algo le hace sentir insegura. Su planeta está rodeado de grandes partituras sus habitantes usan para comunicarse. Para ello, dan grandes saltos muy rápidos produciendo mensajes con distintas entonaciones y cadencias. Todos, desde muy pequeños, tienen una gran habilidad para comunicarse con esta técnica. Todos, menos Elsa.
Por mucho que se esfuerza, ella no es capaz de saltar tan alto como el resto. Además, solo puede alcanzar un número limitado de notas musicales y, debido al esfuerzo que le supone, su comunicación es entrecortada.
Algunos niños se ríen de ella llamándole robot, otros como tarda un poco más en hablar se marchan y le dejan hablando sola. Otros incluso, por su forma de hablar, piensan que Elsa es menos inteligente.
A veces a la gente le cuesta entenderla. Por ejemplo, cuando hace una pregunta por su entonación pueden interpretarla como una afirmación. Al mantener siempre la misma entonación, al resto también les costaba saber cuando estaba bromeando o cuando hablaba en serio, también les costaba saber cuando terminaba de hablar por lo que solían interrumpirla sin querer.
Un día, en su colegio se fundo un club de teatro y ella sin dudarlo se apuntó. Estaba muy contenta con empezar a actuar sin embargo, nada más llegar, un compañero se burló de que Elsa estuviera allí. Le dijo que, por su forma de hablar, nunca podría ser una buena actriz. El resto comenzó a reír sin cesar y Elsa, destrozada, no pudo más que escapar de esa horrible situación.
Corrió cuanto pudo hasta acabar exhausta en un parque cercano al colegio. Sabía que se metería en un lío por salir sola a la calle, pero en ese momento todo le daba igual. Se quedó sentada en un banco mientras las lágrimas corrían por sus ojos.
Pasó un tiempo así, sumida en la tristeza, hasta que algo desvió su atención. El parque estaba repleto de pájaros de distintas especies que cantaban al unísono como si de una orquesta se tratase. Cada pájaro emitía un sonido distinto, y eso no los hacía raros.
Todos eran diferentes y en la diversidad de sus cantos se encontraba la belleza de aquella melodía.
Escuchando a aquellos animales Elsa comprendió que su forma de hablar no es peor que la del resto ni era rara, simplemente es diferente. Aunque a veces tenía dificultades por su forma de expresarse, otras también suponía una ventaja. Gracias a su entonación
pausada mucha gente le veían como una buena confidente le hablaban de sus malestares y preocupaciones. Dado que Elsa quiere ser psicóloga de mayor, esta cualidad le parecía muy útil para su futuro.

Cuando ya se sentía mejor decidió volver al colegio, nerviosa ante la posibilidad de ser regañada por su huida. Más los profesores, que llevaban ya un tiempo buscándola con gran preocupación, pasaron por alto aquella infracción.
Al llegar al aula algunos compañeros se burlaron nuevamente de su forma de comunicarse y de su huida a lo que ella les espetó que le da igual lo que piensen, que su forma de hablar no es mejor ni peor que la del resto y que digan lo que digan ella participará en la obra. Siempre quiso hacer teatro y nadie se lo va a impedir. Los abusones enmudecieron pues sus palabras habían perdido la capacidad de lastimarle, Elsa ya no se sentía mal por ser diferente.
No obstante, vio necesario comunicar a la dirección del centro aquel mal trago que le hicieron pasar sus compañeros. Con el apoyo de sus padres, comunicó al director del colegio lo que había sucedido y la necesidad de tomar medidas para que no se discrimine a las personas que hablan de forma distinta al resto.
Al director le pareció una idea magnifica y juntos decidieron hacer una obra en la que visibilizar otras formas de comunicarse. Le preguntó a Elsa si le gustaría ser la protagonista, ella dudó en un primer momento más luego decidió aceptar. Antes pensaba que la única niña del colegio que hablaba de forma distinta al resto, pero se dio cuenta que otros niños también hablaban como ella o tenían otras formas de comunicarse que diferían de la del resto. Pensó que si ella era la protagonista esos niños sabrían que no hay nada malo en ellos, que su forma de hablar es válida.
Meses después se estreno la obra y fue un éxito. Desde entonces, en el colegio de Elsa jamás ningún niño se burlo de la forma de hablar de otro y nadie se sintió inferior por tener un estilo comunicativo diferente. Y así fue como los pájaros enseñaron una gran lección a ese pequeño planeta.